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sobre la salud de las personas mayores
El proceso de envejecimiento no puede prevenirse, aunque sí se puede disminuir su velocidad y la probabilidad de aparición de enfermedades, aumentando la esperanza de vida y la calidad de vida durante esos años, consiguiendo con ello ampliar la expectativa de vida activa o la consecución de una vejez con éxito.
Es el número de años promedio que una persona puede vivir con autonomía a una edad determinada, se trata de maximizar el periodo de vida de una persona que transcurre con salud y buen nivel de funcionamiento permitiendo una vida independiente. Está relacionada con el concepto de vejez óptima.
Significa:
La salud puede ser definida de diversas maneras, desde la perspectiva tradicional, por ejemplo, la salud es definida como la ausencia de enfermedad (aguda o crónica) y de trastornos, mientras que la OMS (1948) la define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad (aguda o crónica) o dolencia. Esta última definición, considera la salud desde una perspectiva más positiva e integral. Mientras según la primera definición, la mayor parte de las personas mayores difícilmente podrían considerarse sanas, esto no es así si se utiliza la segunda definición.
La salud percibida es un predictor significativo de:
A pesar de que el envejecimiento viene acompañado con frecuencia por algún grado de deterioro de la salud, como se puede observar en la Tabla 1. "Percepción del estado de salud entre los mayores, 1998", muy pocas personas mayores consideran que su salud es mala o muy mala, quitándole importancia a los síntomas y las molestias que experimentan e informando insuficientemente de las mismas. Suelen ver sus enfermedades como parte natural del proceso de envejecimiento, considerando las molestias físicas como algo esperable en su edad.
| Tabla 1. PERCEPCIÓN DEL ESTADO DE SALUD ENTRE LOS MAYORES, 1998 | |||
|---|---|---|---|
| Total | Varones | Mujeres | |
Muy buena salud |
7,6% |
8,4% |
7,0% |
Buena salud |
32,6% |
35,8% |
30,2% |
Regular |
39,3% |
38,4% |
40,1% |
Mala salud |
17,1% |
14,8% |
18,8% |
Muy mala salud |
3,4% |
2,6% |
4,0% |
(N) |
2.197 |
961 |
1.235 |
| Fuente: Las personas mayores en España. Informe 2002. Madrid: IMSERSO, Observatorio de Mayores, 2003. |
|||
- La salud objetiva (tal y como es evaluada por el médico):
o Presencia de problemas.
- Factores sociales:
o Estereotipos sociales.
o Aislamiento social.
- Factores psicológicos:
o Bienestar subjetivo.
o Adaptación.
o Satisfacción.
- Continuidad de los roles.
- Continuidad de actividades reforzantes de la propia persona mayor.
- Normas culturales de actividad/inactividad.
- Institucionalización.
- Género.
- Edad.
- Mortalidad.
- Nivel de actividad.
- Estilo de vida saludable (ejercicio físico; consumo de sustancias, como
alcohol; patrón de sueño, etc.)
La pérdida de salud parece tener un menor impacto emocional en personas mayores, aunque este efecto negativo aumenta cuando se produce al mismo tiempo pérdida de capacidad funcional, que, se ve incrementada por la presencia de trastornos emocionales.
Está demostrado que esto puede deberse a que:
Las personas mayores con enfermedades crónicas que, además, están deprimidos presentan, en comparación con personas mayores que no están deprimidas:
Cuando se trata la depresión se observa:
Aunque no existe necesariamente una relación perfecta entre enfermedad crónica y deterioro funcional, generalmente, el hecho de padecer una enfermedad provoca un impacto importante sobre el funcionamiento en la vida diaria.
Consiste, como se puede observar en la figura siguiente, en un nivel de funcionamiento en las actividades de la vida diaria inferior al que se explica en función de su salud y en el que están involucrados factores psicológicos y socioambientales.
Figura 1. Exceso de incapacidad
Determinadas conductas pueden tener tanto efectos positivos como negativos sobre la salud de las personas mayores:
Los factores psicosociales han demostrado tener influencia en las respuestas a situaciones en las que la salud es importante.
Es el gradúen el que una persona percibe que existe una relación funcional entre sus acciones y los eventos que siguen a tales acciones, y puede tener una gran influencia sobre el bienestar físico y emocional, sobre la percepción de salud y en las conductas de salud.
En la medida en que el grado de control percibido de una persona puede ser un resultado de su experiencia con la salud y la enfermedad, las personas mayores pueden tener una menor percepción de control por su mayor experiencia con enfermedades crónicas, sin posibilidad de recuperación completa, lo que, a su vez, puede influir en las conductas de salud. Además se ha observado que la percepción de control puede ser menos importante en relación con la salud cuanto mayor es la persona.
La autoeficacia está relacionada con el control, según, Bandura, la autoeficacia consiste en la confianza que uno tiene en sí mismo para que el esfuerzo en el desarrollo de ciertas tareas le permita lograr el objetivo propuesto. Este concepto se asocia también con los mecanismos de adaptación a las enfermedades crónicas en personas mayores.
Se ha comprobado que se produce una disminución de la autoeficacia percibida asociada al incremento de la edad en personas desde los 55 hasta los 85 años. Existen razones para pensar que esta disminución está asociada principalmente a la aparición de enfermedades crónicas.
Se han realizado numerosas y sugerente intervenciones, a través de la mejora en la capacidad de toma de decisiones, desarrollando estrategias de afrontamiento para las situaciones de la vida diaria, promoción de la salud física y mental, promoción de las habilidades sociales, etc., demostrando los efectos positivos de estos factores en la salud y el bienestar de las personas mayores.
Engloba los conceptos de control percibido y el de autoeficacia y consiste en la creencia acerca de que una determinada conducta es eficaz para lograr unas consecuencias (control) y que uno mismo puede llevar a la práctica esa conducta (autoeficacia).
La percepción de amenaza que experimente como consecuencia de la percepción de síntomas y sus creencias sobre la posible enfermedad son fundamentales para la puesta en práctica de posibles acciones para el cuidado de su salud, dando lugar éstas a diversas reacciones emocionales (miedo, enfado, tristeza).
Es un proceso a través del cual las personas intentan manejar la discrepancia percibida entre las demandas de una situación estresante y los recursos de que disponen.
El afrontamiento puede cumplir dos funciones diferentes:
Estrategias centradas en la emoción (a través de la modificación de sus sentimientos cuando tienen que enfrentarse a una situación difícil para ellos, por ejemplo, una enfermedad crónica o quedarse viudo/a), principalmente a través de la modificación del significado de la situación. Este tipo de afrontamiento puede explicarse porque la persona, acepta que la situación no puede ser modificada y se adapta a la misma.
Comparados con personas más jóvenes, las personas mayores creen que sus problemas son menos modificables, optando por no cambiar la situación y, utilizando estrategias para variar su significado, modificando sus preferencias y prioridades, reinterpretando el significado mediante la comparación positiva (se comparan con personas de su misma edad que se encuentran en una situación similar o peor).
Suelen utilizar un afrontamiento centrado en la modificación del problema, mediante la práctica de:
Afrontará la situación mediante estrategias centradas en la emoción, aunque lo más adecuado sería intentar cambiar la situación.
La necesidad de intervenciones para “educar”a las personas mayores para que sean capaces de diferenciar entre cambios o signos de deterioro normal debido al envejecimiento y síntomas de enfermedad, facilitando un afrontamiento más adecuado de los problemas de salud y la detección precoz de los mismos.
Las competencias o habilidades sociales son herramientas que permiten relacionarse
adecuadamente con las personas que nos rodean. Hay diferentes tipos de habilidades
sociales, como por ejemplo, la comunicación y la asertividad, la empatía (ponerse
en el lugar del otro), el establecer metas y objetivos acordes con la edad,
etc.
A través de las habilidades sociales las personas llegan a pertenecer a un grupo y logran satisfacer ciertas necesidades, ser tenidos en cuenta y encarar problemas y situaciones difíciles. Las habilidades sociales están muy relacionadas con el ajuste emocional y el bienestar del individuo, ya que le ayudan a fortalecer su personalidad. Por ejemplo, en la relación con amigos y familiares, el dar y recibir demostraciones de aceptación y afecto, así como expresar sus agrados y desagrados, son aspectos que reafirman la autoestima, la confianza en sí mismos, y la satisfacción personal.
Las habilidades sociales también permiten lograr tener, y en su momento poder otorgar apoyo social a las personas conocidas. Tanto las habilidades sociales como el apoyo social, están estrechamente relacionados con los recursos psicológicos, las habilidades de comunicación, y las características cognitivas y emocionales de las personas.
Así mismo, una persona puede ser socialmente competente en una situación e incompetente en otra. Por ejemplo, algunas personas pueden no tener problema al hablar con los hijos y expresarles sus deseos o desagrados, mientras que con amigos o personas poco conocidas pueden presentar marcadas dificultad al tener que expresar algún tipo de desagrado.
A partir de los 65 años (sin que esto sea una norma), o bien a partir de la jubilación, las personas pueden empezar a experimentar una serie de sucesos, que por lo general serán estresantes (aunque no necesariamente) y pueden amenazar el equilibrio de la salud física, emocional, social y económica. La jubilación es uno de los cambios más importantes de esta etapa y puede ser vivida de diferentes maneras, por ejemplo, puede ser esperada con gran deseo y expectativas positivas al tener planes futuros y representar un cambio que acerque a la pareja al compartir actividades, dedicar más tiempo a la recreación y amigos, e incluso, replantearse un proyecto de vida futuro.
Sin embargo, la jubilación también puede ser experimentada con incertidumbre ya que puede afectar la economía y restringir el número de contactos sociales, además se experimenta la pérdida de roles, del estatus alcanzado durante toda la vida y con ello, hay un decremento en el auto-concepto. Por ejemplo, al dejar de trabajar se abandonan actividades y roles de responsabilidad ganados durante décadas, lo cuál puede generar una sensación de pérdida y de control sobre la propia vida.Así, no es raro que se presente el temor de no sentirse útil intelectual y socialmente, a un deterioro en la forma de auto-percibirse y, probablemente, se experimente un sentimiento de poca valía.
Como se mencionó, los cambios físicos vividos en el envejecimiento pueden tener efectos negativos en la salud. También se puede experimentar la muerte de amigos y de seres queridos y, en el peor de los casos, el de la pareja, la cuál es una pérdida altamente traumática y merece apoyo adicional para sobrellevarla de la mejor manera, y finalmente, lograr adaptarse a la nueva situación de viudez. Aunque el desarrollo de la vejez es heterogéneo, ya que no hay normas que hagan iguales ni las vivencias ni la ocurrencia de los eventos para cada persona, el hecho ineludible de que ocurran algunos de estos sucesos, puede situar a los individuos en un estado de vulnerabilidad, es decir, experimentar fragilidad en algunos aspectos.
Además pueden vivirse sentimientos de soledad y de amargura que será necesario superar recurriendo a los recursos psicológicos y sociales de los que cada quien dispone, e indudablemente, las personas con habilidades sociales lo harán de manera más rápida y efectiva.
El déficit en habilidades sociales repercute no sólo en la autoestima, que es el sentimiento valorativo hacia nosotros mismos, sino también en la disminución de la autoconfianza e, incluso, puede tener efectos desfavorables en la salud física y psíquica. Todo ello dificultará la resolución adecuada de los problemas que tenemos que enfrentar.
Algunas de las habilidades sociales necesarias que se pueden ver entorpecidas son la expresión verbal de sentimientos y deseos, además seremos más susceptibles de influenciar. Por ejemplo, si creemos que nosotros no somos importantes, no expresaremos ni defenderemos lo que queremos en situaciones tan simple como, el querer visitar cierto lugar o, en casos más extremos, el no desear vender un piso cuando los hijos sugieren que se venda.
Otro aspecto de la expresión verbal es poder solicitar servicios y ayuda cuando ésta se requiere, o bien, negarse a las peticiones irrazonables. En una ocasión, una persona mayor expreso su desagrado ante la situación de tener que cuidar de su nieta de un año de edad durante todas las mañanas por varios meses, ello implicaba que la abuela se levantara a las 7 de la mañana, se desplazara a la casa de su hija y no tomara las vacaciones de verano que había planeado con antelación. Cuando se le preguntó porque no expresaba a su hija las molestias y desagrado que le ocasionaba el cuidar a la nieta, y buscar alternativas como llevar a la niña a una guardería, la abuela expresó el miedo a que su hija se enfadara con ella. En este caso, el abuso de la hija y el no poder negarse a una petición que puede ser considerada como abusiva, así como no expresar sentimientos reales por parte de la abuela, pueden ser indicadores de falta de habilidades sociales.
Es común que ante estas carencias, las personas con pocas habilidades sociales, como en el caso anterior, no consigan defender sus derechos. La escasez de habilidades sociales también puede tener efecto en la salud emocional. Por ejemplo, las personas que sufren depresión suelen tener limitadas relaciones sociales, lo que a su vez puede disminuir el estado de ánimo y esto, repercute en la eventual disminución de las relaciones sociales, hasta llegar a un momento en que pueden no mantener ninguna. No es raro que las personas deprimidas presenten deficiencias en las conversaciones ya que hablan menos y son menos amigables. Adicionalmente, el no contar con habilidades para resolver sus problemas puede ser a su vez, un factor de vulnerabilidad que incrementa el riesgo de depresión.
La asertividad es parte esencial de las habilidades sociales, y se refiere a la habilidad de expresar pensamientos, sentimientos, ideas y creencias, asumiendo las consecuencias y a su vez respetando la opinión de las otras personas. Es tan importante este aspecto que, en la literatura sobre asertividad se pueden encontrar derechos básicos que todos tenemos:
Así, la asertividad es un comportamiento de comunicación maduro y opuesto a la pasividad, en que la persona ni arremete ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos, es por ello que algunos especialistas la ubican en un punto intermedio entre dos conductas: la agresividad y la pasividad.
Por su parte, la comunicación pasiva es aquella que evita mostrar sus sentimientos o pensamientos por temor a ser rechazados o incomprendidos o a ofender a otras personas. Infravaloran sus propias opiniones y necesidades y dan un valor superior a las de los demás. El caso de la persona mayor que tiene que cuidar de su nieta, es un ejemplo de de comunicación pasiva.
El estilo de comunicación agresivo se sitúa en un plano opuesto a la pasividad, caracterizándose por la sobrevaloración de las opiniones y sentimientos personales, obviando o incluso despreciando los de los demás. Una persona que comunica de manera agresiva no deja hablar a otros y no está interesada en escuchar a los demás.
Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta los errores, propone soluciones factibles sin ira, se encuentra segura de sí misma y frena pacíficamente a las personas que les atacan verbalmente. La asertividad impide que seamos manipulados por los demás en cualquier aspecto y es un factor decisivo en la conservación y el aumento de nuestra autoestima, además de valorar y respetar a los demás recíprocamente.
Se aconseja que las habilidades sociales de las personas mayores estén dirigidas a preservar la salud y, cuando se experimenten cambios o declive en el funcionamiento físico, hacer uso de los recursos que ayuden a su adaptación, como por ejemplo adoptando el uso del bastón o bien de las gafas. Ambos son herramientas fundamentales para prevenir no sólo caídas, sino que también ofrecen mayor seguridad en el desplazamiento y en las relaciones con otras personas, además dan la posibilidad de continuar con las actividades cotidianas básicas.
Las habilidades sociales también deben encaminarse a desarrollar actividades alternativas después de la jubilación, las cuales pueden ser fuente de gran satisfacción y utilidad no sólo para los jubilados sino para otras personas del entorno. Por ejemplo formar parte de algún grupo de voluntariado o bien, planear visitas y viajes. Finalmente, también es necesario hacer adaptaciones en la vida diaria cuando hay pérdida de los seres amados, especialmente si es la pareja.
En esta etapa, la habilidad de reconocer los cambios y las nuevas necesidades incluye también cultivar nuevas amistades, seleccionar un apropiado ambiente de vivienda y de manera crucial, lograr encontrar o mantener el apoyo que necesitan, ya sea con familiares, amigos o instituciones que proporcionan apoyo asistencial como el acompañamiento o la realización de las labores del hogar (limpieza, hacer compras, etc.).
Para relacionarse de manera efectiva y grata con otras personas, es decir tener una conducta asertiva y competente, es importante saber que existen dos elementos que intervienen en estos procesos: En primer lugar se encuentra el aspecto cognitivo que incluye la forma de percibir la información e interpretarla. Las costumbres y creencias, o los errores de discriminación, pueden llevar a que un mismo evento sea interpretado erróneamente, o por el contrario, tenga una interpretación positiva. Es conveniente detenerse a pensar cuál es la tendencia de nuestras interpretaciones, ya que esto repercute en la forma de relacionarnos con aquellos que nos rodean. En otras palabras, ver el vaso medio lleno o medio vacío. Por ejemplo, una persona puede tener la creencia errónea de que las personas mayores son, por definición tristes, ya que la vejez es triste. Este además de ser un estereotipo negativo de la vejez, puede llevar a que las personas mayores no busquen actividades divertidas y satisfactorias.
En segundo lugar, las emociones son potentes aspectos de la vida social, además generan estados particulares en el proceso de comunicación y pueden moldear la relación. Así, el control emocional efectivo puede considerarse como una habilidad social, emocional. Un individuo con habilidades en comunicación, es decir, que es capaz de expresar sus ideas y al mismo tiempo escuchar y respetar la opinión de su interlocutor, puede codificar sus emociones (saber como se siente) e interpretar correctamente la comunicación de los otros. También es capaz de responder a las necesidades emocionales de los oyentes lo que hace que su comunicación sea efectiva.
Es común que cuando tenemos problemas y sentimos la necesidad de decirlos, pocas veces nos detenemos a pensar en los problemas y emociones de quien nos escucha, pero si lo hacemos, podemos percatarnos si esa otra persona está en condiciones de escucharnos y darnos el apoyo que requerimos.
La comunicación es uno de los procesos que se ven afectados por la edad. En la vejez, el tiempo de reacción, la discriminación del diálogo y la capacidad en el proceso de la información tiende a decrecer, a hacerse más lento, aunque la mayoría de ellos puede establecer correctamente una conversación. Así, cuando se pregunta a una persona mayor acerca de las actividades realizadas ese día, sobre la compra o los acontecimientos con el médico, ella puede tardar mayor tiempo en responder, y quizás necesite que se explique con palabras diferentes ciertas cosas, pero si esperamos sin atropellar su respuesta, y respetando su ritmo, dará la información solicitada.
Se recomienda que cuando se establezca un dialogo con personas mayores, se evite el dirigirnos a ellos adoptando tonos de voz o vocabulario infantil, ya que ello tiene efectos negativos en la identidad de los mayores, además como respuesta pueden hacer adaptaciones que devalúen su personalidad y su manera de hablar cuando interactúan con los jóvenes.
A pesar de lo anterior, es conveniente insistir en que existen diferencias notables entre individuos, y aunque algunos se ven más afectados que otros; hay quienes no muestran ningún cambio ni deterioro, es más, la comunicación con algunas personas mayores, puede verse enriquecida ya que muchos de ellos han acumulado una gran cantidad de vocabulario, que junto con la riqueza de sus experiencias los hace privilegiados ante determinadas circunstancias.
Las habilidades sociales también se ven afectadas por ciertas cualidades personales entre las que se encuentran el optimismo, la autoestima, el control interno, el sentido de autoeficacia y la forma de afrontar los problemas. Estas cualidades también son llamadas recursos personales.
En primer lugar, se ha demostrado que las personas optimistas, es decir, aquellas que tienden a ver o buscar el lado bueno de las cosas y a esperar resultados positivos de las tareas que realizan, pueden tener relaciones más satisfactorias con amigos y familiares. El optimismo también está relacionado con el mantenimiento de la buena salud y con una mayor esperanza de vida. Una persona optimista ante un obstáculo, problema o suceso, encontrará soluciones alternativas y realistas, además es probable que se pregunte "¿Qué puedo aprender de esto?". Una persona que está esperando a su esposo o esposa que va retrasada una hora y además conduce su auto en medio de una tormenta, puede tener diferentes pensamientos. Un pensamiento pesimista sería: "Seguro ha tenido un accidente con el auto". Un pensamiento optimista y poco realista: "No pudo haberles pasado nada y con seguridad está bien" y un pensamiento optimista realista es "No tiene porqué haber pasado lo peor, debe estar en medio de un atasco por la lluvia, esperaré a tener noticias".
Una autoestima adecuada, reconoce el valor de uno mismo por sus cualidades y cree que sus ideas y opiniones son importantes. Esta variable está estrechamente relacionada con la forma en que las personas se relacionan, así como con la búsqueda y mantenimiento de nuevas relaciones. Una persona con una autoestima adecuada, que cree que sus ideas son importantes y sus opiniones son valiosas y deben ser consideradas, se hará escuchar en la familia y en las situaciones que lo requiera, por ejemplo al realizar gestiones administrativas, en donde también pedirá un trato digno sin ceder a atropellos.
Por otra parte, el control que las personas mayores experimentan en sus vidas, es uno de los recursos que pueden ser vulnerados por los cambios que conlleva la vejez. Así, sentir que ciertas situaciones no están en sus manos, puede llevar a creer o adoptar prácticas en donde no se tome el total control de sus vidas. Es importante que la persona mayor sepa que existen una gran variedad de elementos que pueden y deben controlar, por ejemplo el mantener un buen estado de salud o el decidir un viaje.
El control interno es decir, la capacidad de tomar decisiones sobre nuestra propia vida, el poder cuidar de los intereses propios, y planear determinadas actividades y situaciones, más que estar a expensas de las disposiciones de los demás (como pueden ser los hijos), o de la suerte o el azar, tiene un importante papel en la seguridad personal y en el poder establecer y mantener el contacto con amigos y otras personas. Si una persona se repite constantemente que le tienen manía y que sus amigos no le buscan, o bien no le estiman, representa que las amistades o relaciones dependen totalmente de los otros. Si esta persona reconoce cuáles son las conductas que provocan que la gente le tenga manía, y trata de modificarlas, probablemente logrará relacionarse de manera más satisfactoria (no sólo buscando la aprobación de los demás), es decir, la persona decide cuál es su comportamiento con los otros. Esta persona puede elegir hacer cosas para atraer la atención de los amigos y dependerá de ella el realizarlas o no. Por ejemplo, llamarles por teléfono, quedar para tomar un café, planear una reunión de amigos, prestar atención a los problemas de los otros, etc. Estas pequeñas acciones representan no sólo asumir la responsabilidad de las propias acciones, sino también el ejecutarlas y experimentar como las situaciones se van transformando con la intervención de nuestras propias acciones.
La reinterpretación positiva es la cualidad de buscar en las situaciones difíciles, las cosas que pueden servirnos de aprendizaje o nos dan algún beneficio. La frase "Por algo ocurren las cosas", es un reflejo del intento por encontrar una razón diferente. Como ejemplo se traerá a colación a aquellas personas que han sufrido alguna enfermedad grave. Indudablemente, una enfermedad en sí misma además de dolorosa, es dañina. Sin embargo, pueden desencadenarse sucesos como el rencuentro familiar y el acercamiento con personas queridas que estaban alejadas, el dar un nuevo valor a la vida, el replanteamiento de metas, etc. Esta búsqueda de significados es una interpretación alternativa y positiva de un mismo evento.
El sentido del humor, es algo más que tener buen estado de ánimo, es tener la capacidad para experimentar y/o estimular la risa, la cuál es una reacción física. Se ha encontrado que el sentido del humor y la risa son fortalezas del ser humano, que traen beneficios psicológicos (generan estados de alegría, bienestar, satisfacción, reducción del estrés, previenen la depresión), físicos (tolerancia al dolor, activación del sistema inmunológico, mejora del sistema cardiovascular) y sociales (mejoras en la motivación, la comunicación, el orden y la armonía social). Una manera simple de estimular la risa y el sentido del humor es ver una película cómica y hacer bromas de situaciones que nos pasen a nosotros mismos
En general, las investigaciones recientes sobre las emociones, han encontrado de manera repetida que las emociones positivas como son la alegría, el entusiasmo, la satisfacción, el orgullo, la gratitud, etc., aunque son distintas entre sí, comparten la propiedad de ampliar el repertorio de pensamientos y acciones y contribuyen a la construcción de reservas de recursos físicos, intelectuales, psicológicos y sociales, que estarían disponibles para momentos futuros de crisis.
Además de los recursos personales (como la autoestima, el optimismo, las emociones positivas, etc.), el contar con apoyo social es un recurso fundamental en momentos de crisis, especialmente durante la vejez.
El Apoyo social de la familia, de los amigos y conocidos o bien, el que proporcionan las instituciones, servirá de recurso importante para poder satisfacer las nuevas necesidades y afrontar las dificultades. Además cuando este apoyo es de calidad y está rodeado de cariño puede, sin duda, enriquecen la existencia no sólo de quien lo recibe, sino también de quien lo da. Las personas que presentan estados de ánimo cambiantes y conductas poco amigables con las personas que les rodean, como mostrarse "poco deseables", "mal humoradas", "gruñonas", "antipáticas", pueden conseguir como consecuencia, que su compañía sea considerada poco grata y lógicamente que se alejen de ellos. Esta escasez en las habilidades sociales puede deteriorar las relaciones con la familia, los hijos, los amigos y en general, con las personas con las que solía relacionarse.
Las personas con recursos personales, que mantienen una conversación respetuosa y consideran al otro, podrán adaptarse mejor a situaciones nuevas, y muy probablemente serán más atractivas para los demás, lo que favorecerá a su vez, que la gente de su entorno se relacione con ellos y disfrute de su compañía, ya que a la inversa ocurre lo mismo.
El apoyo social además de favorecer sentimientos de seguridad al ser parte de un grupo (afiliación), también sirve de apoyo instrumental, es decir, proporciona ayuda concreta en los momentos de dificultades y amortiguan el estrés (Staudinger, 1997).
Una forma de dar apoyo social especialmente en la edad muy avanzada, consiste en proporcionar y recibir acompañamiento, éste puede ser de gran calidad si va acompañado de muestras de afecto y cariño y, adicionalmente, hacerle saber y sentir a la persona mayor que es importante, querida y valorada, lo cuál reforzará y reafirmará su autoestima personal. Tal vez asombre a alguien que las personas mayores proporcionen tanto apoyo como el que reciben, así, su rol en la familia es sumamente importante al apoyar en el cuidado de nietos, dar consejos y sugerencias, e incluso, ayudar en situaciones económicas difíciles. De la misma manera, en la sociedad las personas mayores proporcionan apoyo en actividades como por ejemplo de voluntariado (Antonucci y Akiyama, 1987).
Cuidado con el exceso de apoyo:
Se ha encontrado que, en ocasiones, el apoyo puede volverse desadaptativo, es decir, puede ser un obstáculo para que la persona a quien se trata de ayudar logre desenvolverse de manera adecuada ante determinadas situaciones. Esto suele ocurrir cuando la persona que ofrece apoyo antepone sus propios objetivos, por ejemplo, cuando se dan las cosas de manera rápida, se puede estar actuando en función de los objetivos del que proporciona ayuda, más que del que recibe el apoyo; en este caso, el objetivo puede ser terminar lo más pronto posible con una tarea en lugar de considerar que la persona mayor puede ejercitar alguna habilidad física, verbal, o intelectual, lo cuál requerirá mayor tiempo y dedicación de ambas partes.
Por lo tanto, es importante tener presente que a veces, dar menos apoyo podría constituir un recurso al promover que los mayores continúen ejercitando sus habilidades, mientras que, otorgar un exceso de apoyo, además de no ser siempre útil, puede convertirse en "sobre cuidar", lo cuál llevará a coartar el ajuste de la persona mayor.
El conocer las motivaciones o pensamientos de los mayores ayudará a entender muchos de sus actos. Además al reconocer las dificultades de cada uno, se pueden planear actividades conjuntas que apoyen la interacción satisfactoria con personas de su entorno. Ante la importancia de las relaciones sociales, es fundamental reconocer que muchas personas mayores muestran falta de habilidades sociales básicas como pueden ser la defensa de sus derechos, la expresión de sus sentimientos y deseos, la negación de peticiones irrazonables, dificultades en hacer peticiones de servicios y ayuda, etc.
Las habilidades que se quieran entrenar dependerán de los objetivos personales de cada persona y de sus motivaciones. Conviene tener claras ambas para poder elegir las estrategias más acertadas en cada uno de los casos. Una vez aclarados los objetivos y las motivaciones, se recomienda seguir las estrategias de selección, optimización y la compensación (SOC). Es decir, una vez que se tiene claro cuáles son las áreas que interesa preservar, es decir, seleccionando las habilidades que la persona quiere mantener, deberá ejercitarla constantemente para conservarla en la mejor condición posible, es decir optimizar su funcionamiento.
En ocasiones puede presentarse una disminución en el funcionamiento físico que habrá que compensar con otro recurso para mantener la habilidad deseada, es decir, mantenerla activa con la ayuda de un recurso adicional (Freund y Baltes, 1999). Es muy común que con el transcurso de los años la vista se canse y se requiera el uso de gafas para preservar una visión adecuada, así las gafas compensan la pérdida de visión.
Otro problema común que puede observarse con el aumento de edad es respecto a la memoria. Para compensar el olvido se puede usar una libreta o agenda, donde se haga un registro diario de las citas, tareas y eventos importantes que se desean tener presentes; esta libreta o registro compensa los problemas de memoria y optimiza el recuerdo de aquello que es importante para la persona. En una ocasión se le preguntó a un pianista de edad avanzada después de un maravilloso concierto que era lo que hacía para poder continuar ofreciendo espectáculos de tal calidad, el pianista contestó, "lo que hago es seleccionar obras más lentas y un poco más cortas de las que 20 años atrás podría haber interpretado". De esta manera el pianista compensaba la disminución de su habilidad motora, es decir la disminución en la rapidez de sus manos, y podía seguir otorgando conciertos de gran belleza y calidad. El coste no era notorio, simplemente obras musicales de menor rapidez.
Usando la estrategia de optimización selectiva con compensación, y teniendo en consideración los cambios vividos, parece posible que las personas mayores pueden reconocer y emplear sus recursos de manera efectiva para compensar lo perdido y además, les permite recobrar y mantener un mejor ajuste y una adaptación satisfactoria.
A continuación se propone una estrategia general y tres tipos de habilidades específicas (cognitivas, fisiológicas y conductuales) para lograr mejorar las habilidades sociales. (Corsini, Craighead y Nemeroff, 2001).
Cabe señalar que la asertividad implica una conducta de comunicación madura en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos. Esto se logrará identificando lo que queremos y expresando lo que sentimos y necesitamos. El tener habilidades sociales más o menos efectivas, implica tener la capacidad de atraer la atención de los otros, tener consideración con los semejantes y poder mantener una relación armoniosa con ellos.
No menos importante es saber tomar decisiones acertadas, y poder determinar adecuadamente unas metas que, para alcanzar, tendrán que seguir un plan previamente trazado, en donde es importante estar abierto al aprendizaje. Todo ello hará que una persona sea competente para alcanzar un adecuado ajuste social. Todo lo anterior va de la mano con el sentimiento de autoeficacia, es decir, sentirse capaz de realizar las actividades que uno se proponga. Es un recurso que estimula el esfuerzo por mantener las habilidades dirigidas a la búsqueda de altos niveles de funcionamiento.
Además, diversos estudios han demostrado que la autoeficacia tiene efectos positivos tanto en la disponibilidad de apoyo social así como en la reciprocidad y en el intercambio del mismo. Los individuos que están socializados efectivamente son capaces de actuar con empatía. Es la capacidad de una persona de experimentar lo que siente otra persona y de compartir sus sentimientos, lo cual puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, "poniendose en los zapatos del otro", y responder correctamente a sus reacciones emocionales.
Las personas empáticas son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones, además tienen respuestas de estima y comprensión a las condiciones y estados emocionales de los otros, y esto es similar a lo que las otras personas sienten y podrían esperar sentir. Además se anticipan a las necesidades y aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas. Para poder entrenar las habilidades sociales, antes debemos saber que van de la mano y se entrelazan con los recursos personales, asertividad, autoestima, sentido de autoeficacia, empatía, toma de decisiones, etc., y unos tienen consecuencias en los otros. El sentimiento de confianza en uno mismo se favorece cuando se refuerza el sentimiento de pertenencia a un grupo como la familia o los amigos. Los que rodean a las personas mayores pueden fortalecer el sentimiento de seguridad al hacerles saber y sentir que pertenecen a su grupo. Así trabajar la autoestima y confianza en uno mismo, fortalecer el sentimiento de identidad personal, el sentido de pertenencia, sentimiento de auto eficacia, y la empatía, llevará a las personas a mostrar conductas más asertivas y más competentes.
Ante la importancia de las relaciones sociales, es fundamental reconocer que muchas personas mayores muestran falta de habilidades sociales básicas como pueden ser la defensa de sus derechos, no poder expresar sus sentimientos y deseos, negarse ante peticiones irrazonables y dificultad en hacer peticiones de servicios y ayuda, entre otras. Al reconocer estas dificultades, se pueden planear actividades conjuntas que apoyen la interacción satisfactoria con personas de su entorno.
El déficit en las habilidades puede incluir también las dificultades para aproximarse a los otros, para mantener una conversación, para hacer preguntas, dificultades en mostrar interés y en mantener los afectos positivos. Una persona con déficit en habilidades sociales básicas, tiene mayor probabilidad de presentar problemas emocionales como por ejemplo presentar ansiedad constante, también experimentan mayor vulnerabilidad al no tener cubiertas sus necesidades de seguridad en sí mismos y en su entorno, de aceptación de los seres queridos y de los que lo rodean y finalmente, el déficit de habilidades sociales dificulta conseguir la realización personal.
Además, la carencia de habilidades sociales incrementa el riesgo de desarrollar psicopatologías y aumenta el riesgo de pronóstico de desordenes mentales, por ejemplo, experimentar depresión, ansiedad, fobias, conductas y desordenes por déficit de atención, con el uso de sustancias, y con problemas maritales, entre otras.
Se sugiere que aquellas personas cuyos recursos psicológicos estén considerablemente mermados (autoestima, control interno, etc.) se dirijan a profesionales, como son los psicólogos y psicogerontólogos para recibir orientación y ayuda. Estos profesionales llevarán a cabo estrategias específicas, como por ejemplo, en el aspecto conductual, pueden trabajar el modelamiento, el role-palying, el feedback, además pueden identificar, estimular y alentar las habilidades que cada persona posea. Un ejemplo de la intervención en el aspecto cognitivo, puede ser las tareas encaminadas a detectar las habilidades que deben ser entrenadas, la resolución de problemas y la reestructuración cognitiva, la cuál enseña a reconocer pensamientos irracionales y su relación con el estado emocional del individuo (generalmente negativo), que al modificar por pensamientos más objetivos desencadenarán un cambio en el estado emocional y en la conducta del individuo.
Además los profesionales estimarán la necesidad de un tratamiento con múltiples direcciones enfocado a las capacidades del individuo, así como al entorno (espacios educativos y de recreación, abrir oportunidades para la realización de actividades) con el objetivo de animar y apoyar las relaciones sociales y de ayuda con otras personas.
El bienestar subjetivo de las personas mayores es al menos tan bueno como el de personas más jóvenes.
Las diferencias en bienestar subjetivo en hombres y mujeres mayores parece relativamente pequeño. Parece, por tanto, que la edad y el sexo no son predictores importantes del bienestar subjetivo en personas mayores
Existe una relación positiva entre creer en un mundo justo y:
Las emociones positivas parecen disminuir con la edad, mientras las emociones negativas podrían permanecer más estables a lo largo del ciclo vital.
Aunque la edad trae muchas satisfacciones a la vida de muchas personas mayores, algunas expresan insatisfacción con la vida en la vejez. Según algunos autores la satisfacción disminuye a partir de los 65 años.
La satisfacción vital se compone de 5 factores:
El objetivo de las intervenciones centradas en la soledad es que las personas se comprometan con nuevas relaciones sociales o actividades sociales.
La soledad en las personas mayores puede tener lugar debida a diferentes circunstancias: